jueves, 7 de febrero de 2008

Hartazgo semanal

todo en su lugar

toda esa luz geométrica

y parda

toda esa luz en su lugar

toda esa luz en cada camino

en cada brizna de soltura

 

mera sugerencia

que es pura claridad

 

martes, 5 de febrero de 2008

La vacuidad riquísima

Un brinco más o menos pensado en las charcas infinitas y únicas del arte es un asomo a eso que somos, a lo que predecimos –animales de búsqueda, de conductas: eso somos–, a lo que definimos con solo eso: un asomo. Increíble no necesitar más. Todo es contención y es en la música, la literatura, el cine y otros prodigios donde somos, realmente. Lo demás es un pretexto, una especie de hilo conductor para llevarnos de aquí para allá.  Parece no haber nada en el poema y, sin embargo, nos dice. Esa música y esas letras son todas únicas y la misma: la diferenciación radica en la apertura de cada persona. La mayoría, ¡qué le vamos a hacer!, nomás no accede. Los demás sí que salimos bien y mejor de todo eso. Retozón hedonista, absurdo y caricia del tiempo, dale que dale con esa otra manera de ser y de ver: llámesele como sea, las opciones son enormes, la vacuidad no es tal y está completa.

sábado, 2 de febrero de 2008

Un aria como opción a canción



El aura de sobriedad excesiva y sopor, aunada a la manía de la obra partida, no es exclusiva de la música popular: la música clásica, en otro afán por sacudirse etiquetas, va de lo mismo: no solo las portadas se han estilizado en función del mercado -el grueso de los compradores de discos no pasa de los 45 años-; tambièn, se ha privilegiado la atracción sobre el talento, la posibilidad de canción sobre la obra total. No, no lo discuto: es obra del mercado y de la masa y poco se puede hacer ante eso, como no sea intentar sobrevivir. ¿Cómo criticar, cómo decir que no a Anna Netrebko haciendo canción, sacando de contexto la obra, democratizándola al grado de video, de medio masivo y -perdón por el tèrmino- pueril? El inmenso placer de escucharla -y verla en ese elemento concreto- no da pie a purismos, de verdad que no.


jueves, 31 de enero de 2008

In vino veritas

Algo pasa con los vinos chilenos. Para el caso, siempre ha pasado. Me he recorrido ya algunos cabernet sauvignon, merlot (lejos de ser mi preferida), carmenère, no sé qué más. Ninguno me ha dejado un sabor que valga la pena recordarse. Es más: los vinos chilenos que recuerdo, los recuerdo por malos. Será, me pregunto a veces, que no he probado ese que me guste. Puede ser. Pero cada vez son menos las ganas de andar experimentando, cuando ya hay tantas cosas sabrosas al paladar, a la vista y gratísimas al recuerdo en la cava de la memoria. Mi última andanza de explorador entre los varietales chilenos fue hace muy poco: me topé con un Casillero del Diablo pinot noir 2006 (¡sí, 2006!). Pinot noir, me dije, ¿qué puede salir mal? Mucho. Ya un pinot noir de la orgullosa Bourgogne me demostró que los varietales no son cosa de  franceses. Pero otro canto es cuando de satélites se trata, ¿no? En fin, que tuve muchas dudas antes de hacerme con la botella; algo creí haber escuchado – comentario negativo, por supuesto – acerca del pinot noir chileno. Mi amigo Fernando, quien cata siguiendo vías imprevisibles y riesgosas, me previno antes de otros caldos australes, iguales o más malos que el que se me venía encima. No hice gran caso, que para eso es uno cobaya. Total, que lo compré, lo descorché, lo probé. De eso, ni una semana, y ya olvidé si había gusto o regusto a algo medianamente agradable. Un vino correcto, sí, pero de esos está lleno el mercado y uno no va y paga ni 100 pesos por un vino correcto.  Y ya sabemos: cada satélite con su variedad: que si en México la cabernet, que si en Argentina la malbec, que si en Estados Unidos la pinot noir, que si en Sudáfrica la pinotage, que si en Chile... ¿qué? Casi que prefiero quedarme con la duda.

miércoles, 30 de enero de 2008

¿La muerte del disco compacto?

Ya se anuncia, como se anunció la del libro: la irremediable extinción de la producción en masa de discos compactos, todos ellos víctimas de la digitalización, la piratería rampante y el desapego generacional a la obra completa.  Ummmm, ¿será cierta la catástrofe? ¿Es ya inminente la desaparición del objeto faro de los 90s? No lo creo. Primero, ya el libro salió mas bien silbando y tan campante de la campaña mediática en su contra que alentaban los fabricantes de e-books y, ahora, los usuarios del Kindle. Puros gadgets complementarios, adminículos de viajero o vanguardista a ultranza. El libro, insisto, sigue ahí. Y lo mismo el CD, que ya no sabe cómo soportar los embates de la música digitalizada y su ubicuidad, ni esa absurda costumbre moderna – ¿lo es, realmente, o acumulamos en nuestra psique esa malísima costumbre? – de escuchar fragmentos de la obra completa. No, no hablo únicamente de la música clásica, donde de plano no entiendo – por absurdo, triste, metáfora de la falta de gusto – porque hay quien solo escucha los coros de la Pasión según San Mateo y deja a un lado arias hermosas, como el Erbarme dich y el Blute nur. O el primer movimiento de la 5ta de Beethoven y no esos dos movimientos intermedios que lo son todo y, acaso, más. Lo mismo con la música popular: ¿para qué comprar un álbum completo, si puedo hacerme del sencillo? Claro, 95% de los “artistas” actuales no sobrevivirán a ese único sencillo, pero, ¿y los demás, esos pocos que sí valen, que sí importan, que sí se importan? Segundo, ¿quién no comparte el placer de mirar portada, (h)ojear el librito, leer letras y agradecimientos, meterse un poco más? Y para terminar: en Internet encuentro más bien poco (y pobremente digitalizado) de lo que a mí me gusta y esta ciudad, escasa como lo es, me reserva sorpresas. Así, me las arreglo para que Amazon y esas salidas ocasionales de la ciudad me surtan de música clásica; ya mi dealer macuspanense encuentra cuanto grupo blackmetalero le pida, sin importar ediciones agotadas, ni disqueras oscuras y escondidas, ni aduanas ni nada. Cosa buena, por donde se le mire.

Texto llevado por el piano de Argerich entre las letras de César Aira

 

un vistazo

 

                     rápido

 

         de música

 

                - se enamora el viento –

 

ya la tormenta es pura inminencia

 

         y cuanto resuena vale

 

                                                            por toda

 

                        la misteriosa entonación

 

                                                                               del tiempo

 

lunes, 28 de enero de 2008

Mozart, ese tan grande, ¿sobrevaluado?

Sí, y mucho.  Sin ánimos combativos –que, bueno, es inevitable encender con este tipo de comentarios-, no es injusticia colocarle a W. A. Mozart título tan voraz y despiadado como el de sobrevaluado. Pero, a final de cuentas, On ego rem, on ego hominem. Fíjense: se le ensalza por la numeralia, la cantidad, el virtuosismo al piano y la precocidad. Habrá quien agregue, sí, esto del genio que –lo reconozco, faltaba más– se respira y siente enorme en obras como el Réquiem, algunas sinfonías y cuartetos de cuerdas. Pero sale mal librado si se compara –porque, claro, si se ha de decir que es el mejor, hay que compararlo con sus pares–, ¿o habrá quien diga que alguna de sus sinfonías supera a las de Beethoven? Tararéese la 5ta sinfonía, recuérdesela o escúchela en toda su grandeza: verán. Claro, es cuestión de gustos: hablo por mí. Y, para mí, perdónese la insistencia, para mí Mozart es compositor de obras sobrevaluadas. Otra comparación: hasta el 3er movimiento del concierto para piano op. 16 de Grieg traduce mejor lo que de valioso existe en la humanidad. Quizás mi comentario inicial tenga mucho que ver –seguramente es así– con la ubicuidad de sus obras y con mi poca tolerancia a la ópera –de ésta, solo en highlights y tampoco todo–. Y ya encarrerado, ¿por qué no pensar en un Bach subvaluado? No ha habido –ni habrá, eso ya lo podemos ir asegurando­– músico mayor, más completo, más genial, más humano y trascendente: todo superlativo es válido, de veras que sí.

viernes, 25 de enero de 2008

Otro de Jaime Sabines

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (fragmento)

 

No se ha roto el vaso en que bebiste,

ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.

Ni se quemó la cama en que moriste

ni sacrificamos un gato.

 

Te sobrevive todo. Todo existe

a pesar de tu muerte y de mi flato.

Parece que la vida nos embiste

igual que el cáncer sobre tu omóplato.

 

Te enterramos, te lloramos, te morimos.

Te estás bien muerto y bien jodido

y yermo mientras pensamos en lo que no hicimos.

 

Y quisiéramos tenerte aunque sea enfermo.

Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos,

a no ser habitantes de tu infierno.

 

¿Solo lo difícil es estimulante?

¿La literatura, para ser válida, tiene que ser difícil? Si, si: Lezama Lima escribió por ahí que Solo lo difícil es estimulante y lo puso en práctica en su poesía y en sus novelas, tan hermosas en todo su esplendor barroco y críptico. Pero, ¿y las formas sencillas, la narrativa del diario? Esas, ¿dónde quedan? Sin dejar de lado la genialidad de la frase mencionada arriba, el aniversario de los casi ochenta años de Jorge Ibargüengoitia, muerto hace años, mueve a pensar en otro lado: en esa orilla no tan quieta donde la literatura es poco formal, libre, desenvuelta y muy, muy divertida. Claro, que no vengan con los best-sellers sanborianos que solo llenan de escombro las librerías: aquí lo cierto es la existencia de una literatura nada nueva y sí riquísima en formas y fondos, tanto como la obra menos legible de Joyce o Góngora. E Ibargüengoitia es de esos, de esos que practicaban un oficio que ya a muchos escritores se les ha olvidado – o, pero, que han dejado de lado por experimentar con aproximaciones a lo complejo, como si en ello se les fuera la valía –: el oficio de narrar una historia. No cualquiera, claro que no cualquiera. ¡Ah, cómo se antoja (h)ojear Maten al león o Los pasos de López, con una cerveza fría y la cabeza abierta al descaro más divertido!

jueves, 24 de enero de 2008

Anuncio inusitado y formal

El próximo domingo es el juego de estrellas de la Liga de Hockey profesional. Dejando de lado la mercadotecnia de la que deriva esto, la oportunidad es inmejorable para acercarse a un deporte del que me confieso prendado y muy lejos de entender. Me explico: en mis años europeos, la nula oferta beisbolera y la sobreoferta del soccer – tan endemoniadamente ubicua como la de México –, dediqué no pocas horas a ver hockey.  Terminé por disfrutarlo. Me llamaron, y siguen llamando, la atención varias cosas. Entre ellas, cito la clara fantasía de jugar sobre terreno inciertamente contenido y falso. Otra: sin ser box o judo, parece ser deporte de combate, donde los exabruptos violentos son tolerados. Desfogue, sácalepunta, mera arrogancia inútil, qué se yo. Una más: cuando nada se mueve, sucede la evidencia, como en el béisbol. El comparativo es incierto y flojo, pero alcanza a describir mi interés. El caso es que gusta y cada vez más. Dan ganas de acercarse con conocimiento y mayor entusiasmo.

miércoles, 23 de enero de 2008

¡Ah, nuestra izquierda!

Lo de siempre: ya salió a la luz lo pobre de nuestra izquierda, que ahora se entretiene con arengas en contra de la españolez del nuevo Secretario de Gobierno. ¿Qué, no se acuerdan de que su ilustrísimo mandamás, dictador de voluntades, tuvo un abuelo español? Claro, nunca es lo mismo... Y no, no se vaya a pensar que defiendo a uno o a otro: ya da lo mismo. Mas bien, no sé, como que me da por desear que las cosas públicas de este país fueran, a veces, coherentes. Es todo.

Una mirada al futuro

El misterio, como envoltorio de las cosas quietas, no es sino el asomo a lo que tememos y deseamos a la vez. Casi cualquier cosa se nos vuelve pánico entre las manos, mal mirada la cosa. ¿Futuro? Lo próximo o lo inminente dan lo mismo si la estancia es definida por cualquier cosa que no valga la pena. Y de esto, ya sabemos, hay mucho. Cualquier mirada anticipada debe abarcar, lo menos, todo lo que quepa entre dos sorpresas.

viernes, 18 de enero de 2008

¡Qué bonito es lo bonito!

Lo nacional se funde las más de las veces con una muy inapropiada forma del humorismo. Totalmente involuntario, el mexicano es capaz de la más pura vacilada. Que sirva de documento...

miércoles, 16 de enero de 2008

martes, 15 de enero de 2008

La religión como móvil musical

Un vistazo a mis gustos más marcados arroja lo evidente: la religión como móvil, como influencia mayor al momento de componer y ejecutar música tiene una relevancia inusitada en la música que escucho. Me corrijo: no, no la religión, sino la fe religiosa, si entendemos esta como un repositorio de dudas y una panacea a nuestros miedos, dilemas y desencantos. Me conmueven lo mismo las cantatas de Bach, cuya factura pareciera rutinaria, que los excesos del black metal satánico. De los últimos, me quedo con la brutalidad que forzosamente deriva de una angustia única y – da la impresión – compartida, de un desarraigo a todo lo vendible que tiene la bondad y lo bello. ¿Qué es lo bello?, me pregunto cuando escucho, realmente arrobado, cualquiera de los más finos muestrarios de decadencia, desesperación y tristeza. Refiérase, no sé, a lo primero y a lo último, a Emperor y a Deathspell Omega, a Darkthrone y a Kult ov Azazel. Ahora que, del lado barroco y casi tan actual, la belleza no solo es fácilmente definible: es casi requisito ineludible. Como poseso es como escucho las Pasiones, las cantatas, la misa en si menor - ¡la misa en si menor, coño! –. Pegar el brinco entre una y otra muestra de lo enorme y grande del talento humano es cosa de todos los días. ¿Cómo se sale de ahí? Cargado de portentos, lo mínimo...

lunes, 14 de enero de 2008

In vino veritas


El vino es lo de menos: una charla riquísima con Tilemy acerca de la (in)validez de la religión. Yo mascaba salchicha lyonnaise con lentejas, cuando Camenchi yo paramos en la Ciudad de México camino a Mexicali. El tema, éste de la religión, ya muy traído, ¿no?, pero ya sabemos que es carbón para mucho y, no sé de dónde, pero ya estábamos Tilemy y yo metidos en esto. ¿Por qué buscar la trascendencia en la religión? ¿Y el arte, entonces? Sí, el arte como espiritualidad o reflejo y refugio de ésta, el arte en el sentido más extendido del término. Va mejor por ahí, concluimos, bastante seguros. ¿El vino? Nomás acercándome a un sopor de esos que se antojan para subirse un avión y, simplemente, olvidarse...

miércoles, 9 de enero de 2008

Esas cosas de la vida diaria y un disparate magnífico

Y nada, que estoy en medio de mudanza, con una oficina literalmente de cabeza -no, no exagero: parado sobre el falso plafón, estoy-, sin conexión a red y con un tufillo a gas que seguramente viene de la refrigeración que no terminan de instalar. Nada de pretextos, claro: sigo en lo mío, que es un trabajo lleno de abstracciones, muchos libros y CDs (maravillas que nos llevamos, siempre, bien adentro) y una vida de casado que cada vez me gusta más. Como ven, la vida no es sino una consecución de puntos de agarre: a saber por dónde los pesca uno.


Pero se estuvo en San Diego y ahí sí que nos sacaron del huacal con una exposición muy chida, novedosa, divertida y diferente sobre animated painting. Lo recomendaron Karla y Nelson; lo agradecemos. Hubo de todo: me quedo con un video buenísimo de un tipo bañándose, mera alegoría de la percepción de lo extraño, externo. Otro, igualmente perturbador, representa el abandono de la ciudad; sí, la ausencia de seres animados aclara todo, pero hay además un desplazamiento por un vacío descrito en términos de color. No sé ya dónde se acaba el ingenio: está claro, en todo caso, que ni la lengua, ni el color, ni la necesidad más simple tienen llenadero.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Festejando lo nacional, ¿dan ganas?



"¿Patria, hogar, país? Es posible que los seres humanos se den cuenta algún día de que todos estos valores son abstractos y que para vivir necesitamos, en realidad, un lugar habitable?"

- Imre Kertész

(Claro, habrían de verme en el Mundial de Béisbol o Fútbol, todo entusiasmo y todo fervor patriótico. ¿O es que no me visto de otra cosa que de patriotero, no de patriota? A final de cuentas, ¿qué es esto? No, nada de contradecir a Kertész, quien ya asestó argumento suficiente en Sin destino y otros libros igual de contundentes)

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Pues nada, que Camenchi y yo nos vamos pasado mañana a Mexicali, cosa de pasar Año Nuevo con la familia materna. Lástima: los Águilas de Mexicali no juegan esos días, pero habrá oportunidad, seguro, de hacerse de unos vinos bajacalifornianos sabrosos y disparadores de nostalgias.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Los mejores discos de 2007, sin lugar a dudas

2007 se acaba y con los pocos días que quedan, entre mudanza de casa -hoy, por cierto, dormiremos en ella por primera vez- y de oficina, a unos días de partir a Mexicali a pasar las fiestas de fin de año, se antoja ver qué me deja. Mucho, en música. Tanto, que dan ganas de compartirlo y ahí les va:

  • "Fas - Ite, maledicti, in ignem aeternum", Deathspell Omega: ¡ah, la recuperación de lo sombrío! Lo que el black metal necesita, justo ahora que el mercantilismo ha convertido a bandas, antes combativas y retadoras, en remedos de metal para televisión abierta. Nunca se ha visto con buenos ojos la incursión de la asepsia en el metal; menos, en el black metal. Y Deathspell Omega es una banda que retoma los elementos primarios del black metal para reinventarlo y darnos de nuevo ese ambiente oscuro, pesimista y pagano que tanto gusta. Claro, no son los únicos: otras bandas hacen lo suyo, de maneras diferentes pero igual de importantes y necesarias: Kult ov Azazel, 1349, Ondskapt, Sargeist, Akercocke, Anaal Nathrakh, Gorgoroth, Satanic Warmaster, Mayhem, Naglfar, Taake,...
  • "Ordo ad chao", Mayhem: el regreso de Attila Csihar en las voces, luego de una temporada en el psiquiátrico, no podía ser más glorioso: el último disco de Mayhem, el grupo más controversial del black metal, es, quizás, el mejor. Pura rabia, sí, rabia contenida que suena como el mismísimo himno que antecede a cualquier batalla entre bien y mal -donde ambos, bien y mal, son uno y lo mismo-. Hellhammer en la batería ya solo recrudece la furia. Y sí, mucho grito y mucho blast-beat rapidísimo y violento, como era de esperarse; pero, eso sí, con mucha técnica y una entrega brutal. Se deja sentir lo mejor -o lo peor, como lo vea y sienta quien los escuche- de la voz de Csihar.
  • "Prominence and demise", Winds: el virtuosismo es generalemente aplicable a músicos clásicos; nos reservamos el derecho de adjetivar así a los músicos que medran en el rock y en el pop. Pero un grupo como Winds no se toma a la ligera y ahí sí que se puede hablar de virtud, talento y pericia al tocar un instrumento. Músicos blackmetaleros que tocan algo que no, no es black metal, sino un metal sutil, perfectamente pensado y mejor interpretado.
  • "Antichrist", Akercocke: ya dije algo acerca de este álbum en un post anterior; agrego, tan solo, que Akercocke, devotos a su manera, logran lo que nadie: conjuntar los elementos mejores del death- y el black-metal, como los growls, la velocidad, la destreza, los temas oscuros, la violencia imbuída en una atmósfera sagrada. Uno de los mejores discos de metal en muchos años.
  • "Mothership", Led Zeppelin: sí, Led Zeppelin ha sacado ya varios recopilatorios de sus éxitos. ¿Qué los hace diferente a éste? Casi nada: acompañar al primer concierto de Led Zeppelin en décadas y la inminencia de una gira mundial. Los foros, las crónicas en los diarios, los blogs: todos coinciden que, ya con 60 años a cuestas, se puede rockear aún. Y, luego, las canciones, cuyos arreglos en vivo parecen ser magníficas. Esperemos que tanto rumor sea cierto y pronto anden por aquí. Además, claro, de que siempre viene bien escuchar "Gallows pole", ¿qué, no?
  • "h-moll Messe", de Johann Sebastian Bach, dirigida por Konrad Junghänel: una interpretación espléndida de otro de los monumentos corales del enormísimo Bach. Un tratamiento OVPP que hace relucir mucho, muchísimo, las diferentes voces, sobretodo en el Gloria, donde empatan perfecto solistas y coros.
  • "Stabat Mater", de Antonio Vivaldi, dirigido por Chiara Bianchini: e interpretado por Andreas Scholl. ¿Se necesita más? Encima, una cantata que reluce en voz de contratenor y que pasa de la tranquilidad a la explosión de manera maravillosa. Y el Stabat Mater llevado a un estado de contemplación y sacralidad puramente humanas, cercanas, riquísimo en sensaciones magníficamente sonoras.
  • "Matthäus-passion", de Johann Sebastian Bach, dirigida por Paul McCreesh: ya comenté algo sobre esta versión de la Pasión según San Mateo en el post anterior. Baste decir que no me esperaba una interpretación tan nueva y diferente, irreverente en algunas partes y francamente altaneras, bellísima en su resultado. (Ok, los discos de música clásica no salieron este año, pero apenas los descubrí y ya forman parte de lo que llevo y me llena)
Así el año y la música de lo que nos pasa. De todo, hubo. Pero salgo de él con lo mejor. Y la música, créanme, sonando y haciendo más disfrutable la vida, los días, mi tiempo. Espero, siempre lo espero, que el próximo año sea mejor.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

¿La mejor versión de la Pasión?








Comenzamos mal: intentar capturar, en una sola y única interpretación, la fuerza, la enormísima espiritualidad y la majestuosidad musical de esta obra es tarea imposible. Es tal su complejidad -aunque haya guiños de armoniosa sencillez-, que se antoja mejor camino una reconstrucción, una interpretación, que observe los innumerables detalles, sutilezas, agudezas y andamios de esta obra maravillosa. Pues, ¿cómo podría sospecharse de una interpretación total cuando hablamos de la mayor pieza musical jamás creada por el genio humano? No, no exagero: lo que Occidente es -y su influencia mayor en otras latitudes- está contenido, entero, en esta obra magnífica. Me deshago en adjetivos: redundo. Vuelvo, entonces, al punto inicial: ¿cuál es la mejor versión, i. e., interpretación, de la Pasión según San Mateo (obra catalogada con el código BWV 244; escrita c. 1727; de título original Matthäuspassion)? No existe tal cosa. Mejor: hacerse de las versiones faro, de las interpretaciones innovadoras, hechas con el corazón, la tecnología y el alcance lírico que este monumento se merece. Yo me quedo, por lo pronto, con cuatro versiones:
  • la dirigida por Philippe Herreweghe: si he de escoger una para la hipotética isla desierta, me quedo con ésta. Y es que hay tanto en ella: Andreas Scholl y un Erbarme dich que hace pensar en la divinidad; el expertise probadísimo de Herreweghe cuando se trata de la obra coral de Bach (sus versiones de las cantatas son insuperables); el tratamiento HIP (historically informed performance), que respeta instrumentos de época genialmente utilizados por su orquesta de cámara, los tiempos que crecen la expectación,...
  • la dirigida por Herbert von Karajan: esta, bueno, vale más por sus cantantes que por su director, a quien le iban mejor los románticos que los barrocos. Poco se metió con ellos, Karajan, así que se abusa de elementos modernos, sacrificando lo elemental de la obra: esa contemplación espiritual que sostiene un universo poderosísimamente hermoso. Pero, ¡ay!, que en esta obra están las voces de Gundula Janowitz y Dietrich Fischer-Diskau.
  • la dirigida por Leonard Bernstein: con instrumentos modernos y un texto traducido al inglés, ¿qué esperar? Menos de lo que entrega: los solistas son correctos (la elección de una alto en el Erbarme dich, que aquí se canta como Have pity, es buenísima), la cadencia muy actual sin llegar a ser irreverente y unos coros cargados de solemnidad a fuerza de voces, texturas robadas a la sinfonía moderna y tiempos quizás rápidos. Como Karajan, Bernstein se vale de lo moderno para hacer de ésta, su versión, un experimento auténtico, intelectualmente defendible y muy, muy apropiado para acercar al que prefiere la música instrumental a esta obra.
  • la dirigida por Paul McCreesh: una joya descubierta hace muy poco, esta versión de McCreesh utiliza el tratamiento OVPP (one-voice-per-part, donde las voces son interpretadas exclusivamente por solistas, no por coros, a menos que se indique lo contrario) con resultados solo vistos en la versión de Junghänel de la Misa en si menor: las arias, ahora interpretadas solísticamente, exponen a quien escucha a todas las sopresas que un coro mayor a veces esconde: la mezcla de voces se aprecia mucho mejor y las diferentes entonaciones crean un enramado diferente al logrado con voces corales. Bonus: Magdalena Kozena, sin ser la mejor, interpreta el Embarme dich con una voz y un acercamiento muy diferentes a los acostumbrados. Bellísima versión.
La cosa no termina aquí, claro. Faltan, al menos, las versiones de Harnoncourt, Richter, Koopman y una sonadísima -por controversial- interpretación de Spering. Y todo, para seguir levantando el camino hacia la obra perfecta. Ahí la llevo...