miércoles, 15 de octubre de 2008

¿Hay esperanza para la humanidad?

Apocalíptico...

Atroz...

Indescriptible...

Guillaume Depardieu, un solo papel


Sí, a Guillaume Depardieu lo vi en un papel maravilloso, hace un montón de años, en Monterrey, cuando los alumnos de arquitectura y de comunicaciones hacían las veces de salvavidas en una ciudad sin cine, antes de la Cineteca y de los veranos en el Museo de Historia y ya con ratas y butacas decadentes en el Plaza Monterrey. La peli es "Tous les matins du monde" ("Todas las mañanas del mundo"), dirigida por Alain Corneau, con guión de Pascal Quignard. Véanla. Antier murió Guillaume, 37 años. No he visto otra peli con él. ¿Hace falta?

lunes, 13 de octubre de 2008

Elogio, que en boca de otro sería afrenta


Nada, que ayer iba y venía entre el resquicio de un tercer juego de la serie entre los Dodgers y los Phillies y la peli "Dos tipos de cuidado", fácilmente una de las más divertidas que he visto. Claro, uno la mira y se ríe y disfruta, sí, pero sin dejar de ver en ella, también, la representación de nuestra psique: pura suma algebraica de modos y costumbres del mexicano. Ni qué decir: la apología del valemadrismo, la exaltación del machismo, todo bien aderezado con mucho de alcohol y de bravuconada pero, eso sí, todos bien honestos y bien honrados.

martes, 7 de octubre de 2008

Descubrimiento de la luz

 

L’absolu, c’est impossible de saisir,

pero entre dudas lumínicas y virajes

medianamente extraños, alcanzó a

darse cuenta de su trampa:

 

                                y es que eso de mirarse a un espejo

                                termina por desentendernos,

                                adheridos como estábamos a la

                                improvisada inteligencia

 

en un espejo y tomado de un hilo,

Nicolas de Staël, rojo, un poco

resentido

                                se ciega                                                 y esa vida

                                se le va en un descuido

 

lunes, 6 de octubre de 2008

Numeralia -o la que vale y todo lo demás es una extensión de:

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eme e acento equis i ce y o

Me pregunta, uno de los colegas en la oficina, mi impresión acerca del comportamiento humano ante el desastre: ¿somos una sociedad solidaria en esta inundación? ¿O somos más bien apáticos? Y no sé qué responder. Veo, sí, que gente va y viene y se preocupa y ayuda y todo. Pero los demás, ¿qué hacemos? Poco o nada. Lo penoso es que esos que ayudan lo hacen llevados por la tragedia. ¿O me van a venir a decir que nuestra sociedad es solidaria porque sí? No, no lo es. Una cubeta llena de cangrejos, eso sí que somos. Insisto: la culpa de la inundación, la culpa de nuestro atraso cada vez más evidente, la culpa de nuestra ignorancia es de nosotros mismos. Achacar al gobierno, o a la malhadada ubicación geográfica (que nos hace banqueta de tormentas), o al complot de los ricos, o al complot de los pobres, o a Europa, o a Estados Unidos, o a quien sea, es una necedad y una irresponsabilidad: los culpables somos nosotros. ¿Cómo es posible, coño, que nos sorprendan los gobiernos corruptos e ineficientes cuando todos los días practicamos esa bajísima forma del descaro que ofende a la mínima civilidad? Porque tiramos basura a la calle, porque conectamos nuestros desagües al río, porque nos estacionamos en doble fila (y creemos aún que es nuestro derecho), porque pedimos y damos mordidas, porque nos esforzamos en que las cosas nomás no funcionen, porque manejamos como si nos hubiesen extirpado el cerebro, porque no sabemos ni tirar penales ni pegar jonrones, porque no sabemos ni leer ni escribir, porque golpeamos a nuestras mujeres e hijos, porque no denunciamos a quienes nos golpean, porque utilizamos una calculadora para sumar 60 más 40, porque el agandalle no es sino un modus operandi, porque TODO se nos olvida en meses, porque votamos sin saber ni a quién, porque exigimos sin saber ni qué, porque hacemos caso a “líderes” que avergonzarían a las izquierdas africanas, porque vivimos mal informados y lo aceptamos, porque somos unos agachones, porque no tenemos la menor idea del uso de las luces direccionales (que nuestros semejantes desarrollen la telepatía, mejor), porque antes que trabajar mejor pedimos, porque es mejor ver televisión que ayudarnos, porque no leemos ni medio libro al año (y eso, los universitarios, que no saben ni gramática ni matemáticas básicas), porque creemos que la cocacola sirve para cocinar y para detener la diarrea, porque no nos importa el resultado sino el espectáculo, porque nos quejamos pero no hacemos nada, porque mejor la piratería que la calidad, porque mucho de lo que admiramos es apología del narco y de la corrupción, porque etc.  Me queda clarísimo que tenemos el gobierno, la sociedad y la vida que nos merecemos. Me extraña que nos vaya bien, a pesar de nosotros mismos...

 

viernes, 3 de octubre de 2008

Sucedáneo

jueves, 2 de octubre de 2008

Ante las aguas, el humor de donde menos...

La conjunción de la zozobra inminente y el disfrute egoísta de dos físicos demasiado estereotipados (guiño a The Big Bang Theory) me deja con ganas de reírme un rato. Y así, de repente, entre las risas, el recuerdo: Alcántara, compañero mío de la carrera de Ingeniero Físico Industrial en el Tec, era un divertido –a su manera, claro: era un acechador implacable y testarudo de singularidades. Una singularidad, explicado como lo entiendo, no es sino ese punto exacto que hace que una función matemática se indetermine, deje de tener significado (p. ej., dividir por cero). Encontrarle sabor a buscarle y rebuscarle a las funciones que veíamos en clase –y fuera de ella– su singularidad puede parecernos fútil y hasta fastidioso, pero ¡ah, cómo se divertía Alcántara!, la clase entera mirando atento el pizarrón para después de un rato, todo sonrisa, levantar la mano y preguntar: “Profesor, ¿qué pasa si sustituyo x^2 en el denominador por (c – y)^3?” – “La función se indetermina”. Pregunta retórica la de Alcántara y ya la envidiable satisfacción de quien dio en el blanco. Y nada, que me acordé de eso y de otras cosas. Coño, hasta los físicos podemos ser divertidos...

 

miércoles, 1 de octubre de 2008

Pasó como pasan los otros

"Liquidation", de Imre Kertész


(la afrenta de la lectura al vuelo)


No todos los libros se abren igual. Quiero decir: no nos acercamos a todos los libros de igual manera. Algunos se abren casi como por azar y todo es nuevo (bueno, malo o infamemente neutral); me pasó con “La course au mouton sauvage” de Haruki Murakami y descubrí a un grande (que últimamente cascabelea, pero bueno...). Otros se abren a sabiendas de algo: el autor, los corrillos alrededor del autor o del libro, el entorno y no sé cuántas cosas más levantan suspicacias mucho antes, siquiera, de posarnos en la primera página de un libro. Pasa, con los últimos, que ya leímos algo del autor, que ya alguien nos arruinó la lectura dándonos su opinión del libro (tal como hago yo en este momento) o, peor, que vimos la película e irremediablemente le ponemos cara de actor conocido al protagonista de la novela en turno. Como sea, no se entra virgen al espacio del libro y nunca sabemos bien a bien cómo nos tomaremos tal cosa mientras leemos el libro. Me reconforta saber que no he sido tan errado y que muchas veces he confirmado la capacidad de sorprender y de cuestionar.


Ya hace tiempo que traía ganas de echarme esta novela breve de Imre Kertész, cuyo bagaje, en mi caso, son un premio Nobel como factor de descubrimiento y la lectura de una crónica novelada de sus días pre- y post-Auschwitz (“Sin destino”, se llama la maravilla) que me resultó francamente deslumbrante y con mucha más luz que toooooodas las novelas y crónicas que han salido de la Shoah (exceptuando ese pedazo bien escrito de Infierno que es la crónica de Primo Levi). Y nada, que abrí el libro y comencé a leer y hasta alcancé –nomás pasadas las primeras páginas– a comentarle a Camenchi lo contento que se pone uno ante la inminencia de la maravilla: todo pintaba muy bien. Pero, ¡coño!, no resultó así.


¿Culpar al libro? No: la culpa de la mala lectura es mía: tomé el libro sin saber que se avecinaba una temporada de sequía: diversas razones me impidieron hacer más que hojear el libro de vez en cuando, perdiendo ilación de la trama (interesantísima) y obligándome a retomar a destiempo escenas ya digeridas pero difusas. Terminé el libro sin haberlo abierto. Leí las poco más de 100 páginas sin leerlas. Quise abandonar la empresa, pero me detuvo la vergüenza: yo, no el libro, me estaba fallando. Lo terminé con culpa. Lástima: pudo haberme dejado con una sensación de extrañeza ante lo que hoy siento: una ensoñación ante esta expectativa malsana por una inundación que ya está aquí pero que no termina de llegar.

¿Qué se hace en estos casos? Nada. Acomodar el libro, tomarse un tiempo para escoger el siguiente y esperar. Sí, pasar por otras cosas y otros libros y otros viajes más o menos fantásticos y esperar a que, otra vez, la novela me diga algo que me haga abrirla de nuevo. Cuando suceda, seré diferente y quizás tenga mejores credenciales para hacerme de la lectura y del libro y de la vida que ello deja.


martes, 30 de septiembre de 2008

Merecimiento

Como el año pasado:  inundación fuerte en puerta y muchos, muchísimos son los que siguen quejándose, culpando a un gobierno que -como se ve en las fotos- no es sino una extensión de nosotros mismos: mexicanos, muy mexicanos. La culpa es de todos.          

viernes, 19 de septiembre de 2008

Uno de José Agustín Goytisolo

Día anodino

 

Se asoma a la ventana. Está la calle

 

con gente haciendo ruido en el mercado

 

y en la calzada coches y autobuses

 

atienden al semáforo. Todo es

 

una vida ordenada que se cumple

 

tediosa. Y él escapa hacia la ducha

 

de un día repetido. Bajo el agua

 

alguna imagen y otra y otra más:

 

son los ojos de gata de su prima

 

la donosura de un círculo en flor

 

la última carta para un póquer de ases

 

o el vaso helado del primer gin-tónic.

 

En un dia anodino cosas dulces.

 

jueves, 18 de septiembre de 2008

Uno de los mejores, seguro

Yo soy de los que saben cuándo salen los discos. Los que me interesan, claro. Lo mismo las pelis, los conciertos. Cuando salió el anterior CD de Metallica, St. Anger, el mismo día que salió a al venta –y unas horas antes de ir a uno de sus conciertos para 300 personas en París– vi a muchos desvergonzados tirarse de los cabellos y rumiar que Metallica ya no valía nada y que eran unos vendidos y cuántas cosas más. De entre todas las necedades, la que más recuerdo es “Ya no suena al Metallica de Master of puppets”. La recuerdo porque, de entre todos los comentarios necios, éste se me hacía el peor: el más obtuso y necio. Porque, a final de cuentas, ¿para qué queremos que Metallica suene a Master of puppets, un disco de hace 20 años? Para eso está ese disco, bien hechecito y metalero, para que nos deleitemos todo lo que queramos con uno de los mejores discos de metal de la historia (si no es que el mejor...). Total, que la gente despotricando contra el St. Anger y yo nomás disfrutándolo por lo bajo, sí, disfrutando un disco hecho con coraje y con ganas no de gustar, sino de expresar, de sacar: un disco de metal en toda la extensión del término. Esto, hace 5 años...

 

Eel viernes pasado, después de mucho aplazamiento y mucho esperar (y los despistados de MixUp diciéndome que el disco estaba en bodega pero que pa’ la tarde ya lo tendrían en la tienda), salió el noveno disco de Metallica, Death magnetic. Durante semanas resistí a la tentación de escuchar los retazos que circulaban por Internet grabados quién sabe dónde; caí, sí, cuando salió el primer video del disco, hace como dos semanas: lo que escuché me gustó. Hasta ahí. Conociéndome, sabía que solo había de dos sopas: o el tiempo iba a hacer crecer en mí la música, o simplemente no pasaba de ahí. Lo segundo, me dije, lleva el CD al anaquel de lo bueno-que-pudo-ser-mejor. Lo primero, en cambio, anticipa grandezas. Y eso, justamente eso, he estado viviendo esta semana, una semana enmarcada por una música pesada, excelente, rápida, justa: exacta. El nuevo disco de Metallica –se me llena el alma al decirlo– es un discazo. Sí, Death magnetic es uno de los mejores discos de Metallica y de toda la historia del metal. Y cómo no, si tiene todo para hacerme alucinar: riffs perfectos, canciones de más de 8 minutos, canción instrumental, la voz cañerísima, solos por todos lados, el sonido peculiar de Metallica,... Coño, que Metallica me demostró, otra vez, porqué es mi grupo favorito.

 

viernes, 12 de septiembre de 2008

Invariablemente, la inminencia de la condena solo alcanza a susurrarnos lo que ya pasó

 

dominio: un misterio

 

                                                un destello

 

                                                                                basta

 

jueves, 11 de septiembre de 2008

Placer mayor por partida doble

El fin de semana pasado fue, para mí, una fiesta musical. Como pocas veces, creo. Pude conjuntar los dos extremos de mis gustos musicales, esos en donde de veras me siento cómodo. Reconocí, asombrado, que la experiencia de la música en vivo, siempre que sea real y apasionada, produce en mí la misma sensación: un arrobo, una sorpresa. Nunca se es el mismo después de escuchar música.

Sábado - Marduk


Domingo - durante el concierto de apertura de la Orquesta Sinfónica Nacional, un pilón por parte del violista: un solito de la sonata para viola op. 25 de Paul Hindemith

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El ataque de los hadrones


Está la banda desesperada porque muchos alarmistas curiosos y hasta periódicos de poca monta reportan el inminente peligro que cierne hoy sobre nuestras míseras cuanto universalmente insignificantes vidas. Sí: le dieron luz verde al técnico en electrónica que arranca el LHC y la gente se espera de todo cuando ello viene sucedido de términos como colisión, origen del universo, definición de masa etc.

Pa' los que de plano no se aguantan la angustia de sabernos a punto de ser devorados por temible y alevoso agujero negro, les sugiero verificar la continuidad -o no- de la vida.

(¿Que qué es el LHC? Mi amigo Roberto seguro que les puede responder mejor que yo...)